La Historia de Diario en Bicicleta, así empecé.
A las 2 de la tarde del viernes, 9 de noviembre, teníamos
planeado salir de Pasto hasta el fantástico Pupiales, sin embargo, por retraso
en una cita médica, el cronograma se modificó, a ello, se sumó que el cargador
de la cámara de video, la cual presté en días anteriores, no apareció.
Mis planes para las entrevistas tuvieron que cambiar porque
no logré encontrar una cámara de video en último momento, por tanto, mi
decisión instantánea fue realizar las grabaciones con mi celular y cumplir con
las citas que había adquirido en José María Hernández.
No contar con la cámara de video, me limitó a temas de
calidad de imagen y sonido, sin duda, pues quería que desde un inicio las
entrevistas y grabaciones se hagan de la mejor manera.
A pesar de los inconvenientes técnicos, las grabaciones se
dieron y me encontré con historias maravillosas que deben enorgullecernos.
Manos a la obra, a pedalear con Diario en Bicicleta.
8:30 a.m. En el primer día de grabación, el 10 de noviembre,
Dios no regaló un día maravilloso, casi fresco en realidad.
Después de preparar todo lo necesario para las entrevistas,
revisé a Utopía, la cual estaba en perfecto estado. Salí con el temor de mis
piernas, hace años que no montaba en bicicleta y temía que luego de unos
kilómetros, podrían reventar del dolor.
Desde mi casa, por la carretera destapada me dirigí con un
entusiamo maravilloso, de compañeros insistentes, oso y el primo, las dos
máscotas de la casa, que me siguieron y no se separaron en ningún instante.
La Compañía de Oso y el Primo Oso y el primo, al inicio
parecían compañeros de viaje muy bien recibidos, sin embargo, a medida que
avanza, en las casas de los vecinos, se empezó a notar el desorden y la bulla
que ocasionaban. En ese momento, me di cuenta que no era conveniente esa
compañía por las molestías que ocasionarían en las entrevistas.
Así fue como, a mitad de camino tuve que bajar de Utopía,
subirla al baúl del carro de Violeta y transportarme en vehículo hasta José
María Hernández. Otra vez, mis planes cambiaron, por culpa de Oso y el Primo,
los cuales, insistentemente, nos siguieron hasta el pueblo. Una gratitud, que
de todas maneras, valoro y resalto. Me sentí alagado.
Aunque creímos que los dos animalitos nos dejarían realizar
el trabajo, eso no fue posible, persistentes, no seguían el rastro. Así que
tuvimos que irnos hasta el molino y aprovechar para comprar unas truchas donde
Armando Coral.
Las truchas de El Molino, donde Armando Coral
En el Molino, donde Armando, me encontré con algunos
conocidos a quienes los inmortalice con mi cámara fotográfica y quienes
gustosos también, decidieron posaran ante el lente.
Subí hasta la casa de don Armando, antes de llegar, en la
mitad del camino un perro bayo, aguardaba en el camino, pidiéndole permiso y
con lentitud, pasé al lado de él.
A pocos metros, estaba don Armando, lavando una grande y
rica papa capiro que casi no cabe en la pequeña olla que tenía para concinarla.
Tras saludarnos, nos dirigimos a una de las cochas donde
tiene más de 1800 truchas medianas. Le pedí dos kilos y le solicite permiso
para fotografiarlo.
Posteriormente, luego de pesar las 6 truchas y despedirnos
baje hasta la carretera donde estaba Utopía y el carro de Violeta, quien
pacientemente, me ayudó a transportar otras cosas que no podía cargar, entre
ellas el dron y su caja grande.
El ardor y dolor de piernas
Subí en Utopía y empecé a pedalear por la carretera que cada
vez se empinaba más. A mitad de camino tuve que parar, pues mis piernas
empezaron a quemarme del dolor. Aproveché para tomar algunas fotografías del
paisaje.
Minutos después, retomé la pedaleada y cerca de las
ventanillas, tuve que parar otra vez, nuevamente, mis piernas no daban más. La
no costumbre de hacer deporte, me estaba pasando su cuenta de cobro. Volví
aprovechar para tomar otras fotografías del lugar.
A unos 200 metros, estaba esperándome Violeta, con el Dron
para hacer unas imágenes panorámicas de Las Ventanillas, sin embargo, le dije
que en ese lugar no era adecuado por la vista, quería una panorámica más
visible de la Vereda Guacha, así que nos dirigimos hasta las Ventanillas
exactamente. Aunque mis piernas ardían decidí continuar en Utopía.
La caída del dron
Una vez en las Ventanillas, organizamos lo necesario para
las grabaciones, calibramos el dron y lo pusimos a volar. Subió unos 7 metros y
un fuerte ventarrón desestabilizó el aparato. No lo pude maniobrar, pues las
piernas me temblaban, mi respiración estaba acelerada y mis manos temblaban
inconscientemente.
El dron chocó con las ramas de un árbol y otros arbustos, y
cayó de cabeza en la mitad la carretera. Perplejos y yo con las piernas
amortiguadas, corrimos de inmediato, a salvar lo poco que quedaba del dron,
antes que pasara un carro y acabará por completo con él.
Desde el viernes, empezamos mal con Diario en Bicicleta y
los ánimos no eran los esperados. La caída del dron fue un baldado de agua fría
que nos cambió los planes para las grabaciones aéreas.
Sin embargo, el entusiasmo volvió cuando, al respaldo del
colegio Los Héroes, el dron emprendió vuelo, aunque la grabación presentaba
fallas.
Decidimos dejar a un lado el dron y enfocarnos en la
entrevista que teníamos pendiente y con la cual teníamos retraso, una por culpa
de Oso y el Primo, y la otra por los impactes del Dron.
Finalmente, el resto del día fue maravilloso y lleno de
historias que me hicieron sentir más orgulloso de ser Pupialeño.', 'Empezamos
con Diario en Bicicleta'.
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